He llamado a este proyecto Pausa Situada y he pensado en que yo misma debo aplicar este concepto. Procuro hacerlo, pero no siempre lo logro.
Antes de seguir leyendo apreciado lector o lectora, te invito a que te detengas unos minutos y te preguntes: ¿Qué significa hacer una pausa?, ¿qué podría ser una pausa situada? Mientras tanto, te invito a escuchar alguna canción que te relaje mientras avanzas en este texto.
Según la RAE, la palabra pausa tiene varios sinónimos: parada, detención, alto, paréntesis, intervalo, interrupción, receso, reposo, recreo… Para mí, en este primer momento del proyecto, hacer una pausa es descansar un momento. ¿Descansar de qué? a veces de mis propios pensamientos, que revolotean una y otra vez recordándome todo lo que debo hacer y no he hecho. Tantas cosas que me hacen pensar que no tengo tiempo o que me falta este, pero ¿tiempo para qué? "no lo sé" -respondo rápidamente mientras voy pensando qué decir a continuación-, tal vez, para todo lo que quiero y necesito hacer en la semana y que a veces me gustaría hacer en un solo día. En mi caso, tiempo suficiente para compartir con mis perros, generar suficientes ingresos, ir al cine, leer, bailar, cantar, compartir con mi pareja, visitar a mi abuela y a mis padres, elaborar mis separadores artesanales, atender mi canal, escribir en el blog, subir videos sobre los separadores de libros o sobre el espacio público a mis redes sociales; además, ir a mis clases, reuniones y prestar servicio en las agrupaciones y colectivos en los que me he involucrado…¡Y ni hablar del tiempo necesario para tener listos los separadores de libros para la siguiente feria de emprendimiento y para la Feria del Libro de Pereira! Disfruto haciendo todo lo anterior pero es imposible hacerlo todo en un día y, a veces, ni siquiera la semana permite abarcarlo todo, sobre todo porque el trabajo se impone sobre el resto de actividades.
Cada uno de nosotros tiene sus prioridades y sabe de manera clara para qué le gustaría tener más tiempo [o lo tiene que pensar por un momento, como yo]. Sin embargo, ¿por qué decimos que no tenemos tiempo?
Entre más ahorramos tiempo con los asistentes tecnológicos, parece que menos tiempo tenemos
Me pareció interesante descubrir entre mis lecturas, al filósofo y sociólogo alemán Hartmut Rosa. Él plantea que la falta de tiempo es propio de las sociedades modernas y que cuanto más tiempo ahorramos en la modernidad -la cual es espectacularmente exitosa para ahorrar tiempo- menos tiempo parece que tenemos. Me detuve a pensar por qué seguir hablando de modernidad y no de posmodernidad o de contemporaneidad, pero la modernidad no es una época que ya pasó, sino un proyecto cultural, político y económico vivo que se define por la necesidad de una aceleración constante cuyo motor es la lógica del capital, donde el tiempo es literalmente dinero: entre más rápido circule el capital, entre más rápido se produzca, se venda y se consuma, más ganancia se genera.
[Mientras editaba este párrafo estaba escuchando Take On Me de A-ha y eso me dio una dosis de energía para escribir más rápido] ¿Es imposible hacer todo lo que uno quiere porque el tiempo no es suficiente o se debe a la falta de organización personal del tiempo? ¿Por qué muchas veces estamos tan acelerados, tratando de hacer las cosas rápido para cumplir con todo?
Hoy en día se elogia ser multitareas: la capacidad de hacer varias cosas al mismo tiempo; esto se vende como muestra de eficiencia y productividad, pero nos deja agotados mental y físicamente. Muchas veces llegamos a nuestras casas sólo a dormir por el esfuerzo mental que implicó desempeñarnos en tantos frentes durante el día y, en otros casos, hay mujeres y hombres que llegan a casa después de largas jornadas de trabajo a seguir atendiendo a sus familias: preparar la comida, ordenar la vivienda, escuchar lo que ocurrió en el día de las personas que viven allí y, la escucha lleva tiempo, ya que pocas veces es posible desahogarse en un minuto; luego, preparar trabajo para el siguiente día y sacar tiempo para ayudar a otras personas con sus actividades cuando no pueden hacerlas por sí mismos. ¿Cómo manejar todo eso en esta sociedad donde la competitividad y el alto rendimiento son premiados dejándonos agotados para asumir otras actividades en la esfera de lo privado, lo íntimo, lo familiar y personal? Si hemos naturalizado el exceso de trabajo y ser multitareas, ¿cómo abordar este tema sin caer en el extremo paralizante que impediría hacernos cargo de las responsabilidades del cuidado de nosotros mismos y de otras personas, cuando es necesario?
El filósofo Byung-Chul Han nos habla de la autoexplotación, la hiperproductividad y el rendimiento. En un documental de 2015 en el que este autor habla sobre la Sociedad del Cansancio exponiendo la realidad de las sociedades coreana y alemana, se ve a los coreanos durmiendo mientras van en el tren, a veces también en el trabajo, porque el exceso de trabajo los deja extenuados; esto tiene que ver con la transición de Corea de ser un país agrícola a uno industrializado y la autoexigencia de ser altamente competitivos; sin embargo al mostrar el contexto alemán, este filósofo se refiere a que aunque Alemania también es un país industrializado, hay escenarios para el encuentro, compartir y desconectarse por momentos de la productividad para fomentar las relaciones humanas desde los afectos, desde salir a caminar y la conexión con los parques.
En este mundo globalizado donde fenómenos aterrizan de lo global a lo local y, se generan maneras similares [y también diferenciadas] a otros lugares de expresar esa globalización, la categoría vector del geógrafo brasileño Milton Santos (2000) me resulta sugerente para hacer alusión a que la lógica del capital no sólo opera en Corea o en Alemania, basándome en la comparación que hace el filósofo Byung Chul Han, sino que si la lógica del capital es global, ella aterriza o se manifiesta en acontecimientos particulares en la escala local. Por ello, podemos sentir ese ritmo in crescendo de la productividad, aún en ciudades como Pereira.
Pereira no es ajena a procesos de productividad y alto rendimiento que no sólo se expresan en las maquilas, sino en todos los entornos económico-productivos donde la academia tampoco ha logrado evitar esos ritmos. No hay entornos que escapen a esto, porque tanto en la escala local como en la escala regional, nacional y global, la exigencia es cada vez más alta para ser más competitivos. Estamos tratando de cumplir aquí y allá; tanto que hemos delegado en la inteligencia artificial varias tareas que antes nos tomarían horas, para resolverlas en minutos. Necesitamos asistentes tecnológicos que nos permitan sostener un ritmo de vida que, de lo contrario, no nos dejaría hacer una pausa para realizar otras actividades, en esta carrera por la productividad. ¿Los asistentes tecnológicos nos facilitan la vida? Sí, pero esta necesidad de acudir de manera permanente a ellos, es el síntoma de un ritmo de vida que nos sobrepasa, donde un humano ya no da abasto con tantas exigencias académicas, laborales, familiares y sociales.
En algunos casos, nos hemos ido al extremo de pedirle a la IA que escriba textos, los cuales editamos porque sabemos que comete errores, pero que deseamos enviar pronto al destinatario para atender otros compromisos. Hemos ido perdiendo paulatinamente el deseo de disfrutar palabra a palabra lo que escribimos, aunque nos equivoquemos, pero es político atrevernos a escribir por nuestra propia cuenta. De hecho en la academia, trabajando como docente me ocurrió en varias oportunidades leer textos de estudiantes, que fueron escritos por la IA, donde no se hacía edición de los ensayos y se podía leer tal cual el "promt" al inicio y, el comentario final: ¿necesitas que te ayude en algo más? Asignar por completo la escritura de nuestros textos a la IA, va disminuyendo nuestra capacidad de escribir y nuestra confianza en lo que hacemos: preferimos "ir a la fija" delegando el pensamiento y la elaboración de los textos. Aquí debo decir, que descansar o hacer una pausa, no implica dejar de pensar, dejar de escribir por nosotros mismos o dejar de hacer ciertas cosas, evadiendo de esta manera nuestras responsabilidades. El descanso no es evadir o dejar de hacer. De hecho, si abordamos la pausa como descanso, sería para detenerse por un momento y cambiar de actividad, como salir a caminar o mirar por la ventana por un momento. A propósito, ¿qué se puede ver desde tu ventana? Acaso algún paisaje urbano, rural, rururbano [usos del suelo urbanos y rurales coexisten]... o sólo se alcanza a divisar el cielo, ¿pero aún así te hace sentir libre esa vista?
¿Por qué la pausa es situada?
¿Será que la pausa tiene que ver con la vida lenta? desde mi perspectiva podrían estar relacionadas y ser complementarias, pero hay un hilo que marca la diferencia. Yo puedo hacer una pausa mientras voy a caminar a la Plaza de Bolívar de Pereira o mientras me desplazo hasta el Parque Banderas o el Parque Olaya, que me quedan cerca de donde vivo; en ese trayecto puedo caminar despacio si quiero, o puedo acelerar el paso. En ambos casos estoy haciendo una pausa que me permite conectar con el entorno pero cambia el ritmo con el que la hago.
Por otra parte, la pausa y el descanso no son pereza o evasión de nuestras responsabilidades. La pausa tiene que ver más con permitirse descansar por un momento de la actividad que se está realizando y cambiar de actividad para conectar con el entorno; esto puede ayudar a poner orden en nuestras ideas y pensamientos.
La pausa es situada porque es en un lugar concreto donde realizamos dicha pausa, por ejemplo, hacer una pausa situada en el parque Bolivar de Pereira, es decir, implica hablar de lugar o de una red de lugares, que pueden constituir un corredor, como ir a caminar desde la Plaza de Bolívar hasta el Parque Banderas por la carrera 8va y regresar al Parque Bolivar por la Carrera 7ma, deteniéndose por un momento en el Parque El Lago a tomar una aromática o un tinto y, en el caso, de algunos viernes, ver las fuentes con sus aguas galopantes elevarse al cielo y caer con determinación para fundirse nuevamente en la superficie acuosa. La pausa no se hace en abstracto, se realiza en un lugar, en un espacio y en una temporalidad concreta. Por ejemplo, me gusta hacer mis pausas alrededor del mediodia porque la luz solar me reconforta y da vivacidad a los colores y a las sonrisas que veo en quienes transitan por el centro de Pereira o, quienes están a la expectativa de encontrar un lugar para almorzar y, en otros casos, observar también a quienes están sentados en escalas, muros o sillas en los parques, almorzando tinto con pan, solo tinto o simplemente nada.
No permitirse descansar por un momento debido al exceso de trabajo nos conduce al estrés y a las enfermedades físicas y mentales. Si decimos que no tenemos tiempo, vale la pena preguntarnos ¿este es el modelo de sociedad que queremos? ¿hasta qué punto la inercia del sistema nos hace sentir incapaces de disfrutar de otras actividades? ¿Acaso es el miedo a quedarnos rezagados mientras otros trabajan de manera incansable? ¿Es el miedo a detenerse mientras otros sí están dispuestos a "caminar la milla extra" o a "ponerse la camiseta" y trabajar más de lo que el cuerpo puede aguantar?
Esa presión, interna o externa, que nos empuja a la velocidad sin descanso y a la saturación de tareas, también nos impide descansar en momentos que sabemos que sí podríamos hacerlo. Tenemos unos minutos para salir a caminar y pensamos: "mejor termino este trabajo rápido", "no puedo perder tiempo". Podríamos ir a tomar un café o una aromática, solos o en compañía, pero surge “debería quedarme terminando esto". Podríamos disfrutar del sol un rato en el parque al mediodía, pero siempre hay una excusa productiva para evitarlo.
Hacer una pausa situada no es fácil ni inmediato. Menos en una sociedad que nos mide y compara: "aquel tiene un puesto muy importante, ya tiene casa, beca, fue a Estados Unidos o a Europa y se desplaza en una carrazo producto de su esfuerzo, su habilidad para los negocios y su enorme trabajo", peor aún, cuando se escucha: "fulano es un trabajador, en cambio, sultano no le gusta hacer nada, es un vago" [en Pereira hablamos mucho de fulano y sultano para poner ejemplos de personas sin mencionar nombres concretos]; esto nos lleva a comparaciones, porque parece que estamos en una carrera por la productividad y el éxito. Esto también ha generado estigmas regionales: "en ese departamento la gente no trabaja, solo se la pasan haciendo pereza” o "los colombianos trabajamos más que personas en otros países y no salimos de ser un país subdesarrollado o tercermundista", son los comentarios que se hacen en algunas clases de desarrollo y economía.
La incomodidad de no tener algo productivo pendiente
La productividad se ha insertado tan profundamente en nuestro modelo de vida que, al acostumbrarnos a producir todo el tiempo, sentimos incomodidad cuando no tenemos algo pendiente que esté relacionado con trabajo. Aparece una sensación de vacío, de culpa, como si lo hecho no fuera suficiente y, por ello requerimos buscar algo más para hacer. Esto guarda una relación directa con lo expresado por Hartmut Rosa cuando menciona que “el régimen de velocidad produce sistemáticamente sujetos de culpa... las presiones de la velocidad se sienten en todas las esferas de la vida: en el trabajo y en el ocio, en el cuidado y en la educación, en la vida familiar, incluso en nuestras vidas amorosas, cuando intentamos relajarnos, en nuestras vacaciones; entonces, la velocidad es totalitaria en el sentido de que afecta todos los momentos, elementos y esferas de nuestra vida" (Rosa y Bialakowsky, 2018).
Hacer una pausa situada puede generar escozor porque calculamos el dinero que podríamos estar perdiendo en esos minutos mientras salimos al parque, vamos a caminar o cambiamos de habitación, pero en un sistema que está diseñado para que vivamos en función de trabajar todo el tiempo para pagar arriendo, comprar una vivienda, un carro, pagar facturas, impuestos y mantener a flote la seguridad social, los engranajes están girando de manera permanente y es difícil salirse de ahí para cambiar de actividad y conectar con el entorno. Hacer una pausa situada puede implicar sentarse en el parque pero también ir a caminar y, en ambas actividades hay movimiento ya que estamos conectados con el paisaje y, en general, con la vida.
En la carrera por el éxito, buscamos sobrevivir en el mismo sistema en el que la supervivencia engendra la enfermedad. ¿Hasta cuándo se puede sostener esto para muchos? Trágicamente, la dinámica se sostiene hasta que la enfermedad obliga a parar y a cambiar el estilo de vida. Ahí es cuando llegan los argumentos de compasión que justifican institucionalmente la pausa: "está descansando porque le dio burnout", o "se enfermó por estrés y requiere un tiempo de incapacidad". Mientras tanto, la persona usa ese tiempo para prepararse y "volver al ruedo", valiéndose de las herramientas que tenga para continuar a como dé lugar y seguir "produciendo". [Mientras edito este párrafo escucho Wind of Change de Scorpions] ¿Tenemos que llegar a ese nivel para escuchar nuestro cuerpo? El cuerpo individual manifiesta el efecto destructivo de dar “la milla extra”. En ese punto, el enfermo es descartado temporalmente hasta que vuelva a ser funcional; después de todo, el mercado recuerda que "hay muchos que necesitan trabajar”.
[Al editar el párrafo escuchaba Losing My Religion de R.E.M ] Yo misma no me he librado aún de esta carrera. Siento profundamente la urgencia de leer rápido los libros, de avanzar rápido en las tareas, de aprender rápido, de querer saber muchas cosas en el menor tiempo posible. Nos han hecho creer que la demora es un lujo exclusivo de quienes tienen la vida resuelta en el ámbito económico.
Ayer, 21 de mayo de 2026, al salir del Megabús —el sistema de transporte público de Pereira— en la estación que está en frente de la Oficina de Instrumentos Públicos en la avenida 30 de agosto, una chica pasó corriendo cerca de mí para salir rápido de la estación, como si su caminar ligero pudiera garantizarle el cumplimiento de una cita [en esa zona hay varias EPS y eran las 7:45 am]. Esa mujer, al igual que otras personas que salieron de la estación de Megabús, me permitieron reflexionar sobre nuestra forma acelerada de habitar la ciudad. Aquí decimos "estar cogidos de la tarde", una frase que resuena con fuerza, incluso en Pereira, una ciudad donde las distancias son cortas si las comparamos con Bogotá. Independientemente de nuestra escala urbana, compartimos el mismo afán globalizado, aunque aquí muchas veces bastaría con madrugar un poquito más para llegar a tiempo.
[Al escribir en este punto escuchaba Devuélveme a mi chica de Hombres G] Después de varias actividades en el día sosteniendo este ritmo de velocidad para llegar a tiempo, para cumplir con todo, llega un momento en que nos sentimos completamente agotados. Aquí pregunto ¿Qué tal una salida al parque por unos minutos, o una caminata por el campus universitario, por el barrio o la vereda, por senderos llenos de vegetación o por los andenes de la ciudad? Sentarse en “una banca” (una silla) a ver las palomas, las nubes, los árboles y los transeúntes; descubrir que hay otras personas disfrutando de estar allí "parchados" —como llamamos aquí en Pereira al acto de sentarse un rato por el placer de descansar—. Ir al parque, caminar, sentarse un rato, conectar con lo que hay a nuestro alrededor y seguir caminando no es un lujo: es una necesidad del alma. Es nuestra manera de cuidar nuestros cuerpos, mentes y espíritus. Solo unos minutos al día pueden proporcionarnos bienestar, calidad de vida y, en algunos casos, hasta podríamos sentir alegría.
Abrazar la imperfección y escuchar nuestro cansancio
Hacer una pausa situada permite desmitificar la idea de que podemos asumir más tareas solo porque la IA nos facilita el trabajo. La realidad es que el trabajo no disminuye; se multiplica porque aceptamos más compromisos. Estamos tan saturados que preferimos sacrificar los momentos propios o compartidos antes que disminuir ese ritmo laboral que nos hace sentir reconocidos y parte del sistema. Eso nos permite identificar también la importancia de que otros descansen un momento si se sienten agobiados. Al hacerlo, disminuye la exigencia, el perfeccionismo y el querer todo "para ya", sin caer en el extremo de dilatar las cosas o evadir lo que debemos hacer, pero quizá por unos momentos recordemos que no tratamos con máquinas, sino con personas que se cansan y que necesitan que toleremos sus pausas, mientras se recomponen y pueden continuar con los compromisos y entregas que deben hacer.
[Acá terminé de editar el texto con el fondo musical de Forever Young de Alphaville] Abrazar nuestra imperfección, sentir nuestra vulnerabilidad y escuchar nuestros cuerpos cuando están cansados es amar profundamente nuestra humanidad. Detenerse por unos momentos del trabajo que se está realizando para salir y conectar con el entorno, es un acto político: es cuestionar si el modelo de desarrollo actual, en su afán de rentabilidad y trabajo excesivo, es sostenible o nos está saturando hasta enfermarnos. Es romper la creencia de que el descanso es una pérdida de tiempo, de dinero y de vida. La pausa situada como posibilidad para salir al espacio público, para participar con nuestros sentidos del paisaje y para recorrer por los corredores ambientales en nuestras ciudades, nos permite valorar nuestro ser y a otros seres, más allá de lo productivo para sembrar vínculos de manera profunda con la vida.
Bibliografía
Bialakowsky, A. y Rosa, Hartmut. (2018). Alienación, aceleración, resonancia y buena vida. Entrevista a Hartmut Rosa.Byung Chul Han. (2015). La sociedad del cansancio. Ver documental en: https://www.youtube.com/watch?v=Sa0PA1pmsfk
Notas [mientras editaba las notas escuchaba Down Under de Men At Work]:
1. Si quieres, puedes dejar tus comentarios en el blog o si, lo deseas, puedes escribirme a pausasituada@gmail.com ... me agrada tener tu retroalimentación.
2. Si te interesa hacer una pausa en tu lectura, te invito a conocer los separadores que he elaborado artesanalmente en wa.link/ql20hj ... si te interesa alguno de ellos puedes escribirme por el mismo enlace o en pausasituada@gmail.com.
3. Si quieres conocer algunas de las pausas que he registrado en el espacio público de Pereira, te invito a visitar y, si quieres, suscribirte a mi canal de YouTube: www.youtube.com/@pausasituada
4. También me encuentro en instagram como @pausasituada. Allí tengo un registro audiovisual de todo el proceso de elaboración a mano de mis separadores de libros y de algunos videos del espacio público.
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