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La Zari, ¿una vecina más en el barrio?

Una causa que despierta sensibilidades En mi propia experiencia he llegado a considerar la relevancia de la teoría y de la acción que nos impulsa a crear nuevas posibilidades para vivir mejor, en armonía con otras personas, con nuestros animales de compañía y por supuesto, con nuestros vecinos silvestres: la fauna que no viven en nuestras casas sino en nuestros entornos inmediatos. Ayer empecé este escrito desde la preocupación, pero también desde la profunda convicción de que trabajando juntos podemos proteger la vida de la zarigueya, o La Zari , como le decimos algunos con cariño. Durante años guardé el deseo profundo de aportar a la conservación de este animal. Sin embargo, muchas veces escuché el comentario de que mi carrera no me llevaría a la conservación directa —como se supone que lo hacen la biología o la ecología—, sino que me daría las bases para realizar gestión ambiental a partir de la comprensión de la relación entre cultura y naturaleza, lo cual requiere una participació...

¡Una rata en el parque!: La ilusión de control en el espacio urbano


Una aromática a las 9:45 de la noche

Hace unos días, a eso de las 9:45 de la noche, estaba en el parque El Lago de Pereira. Me gustaba salir a caminar de vez en cuando a esa hora con mi pareja, para tomarnos un tinto o una aromática y sentarnos a conversar en una de las bancas lineales de concreto. 

Estábamos en uno de los costados del parque por los lados de la carrera octava, cerca al césped que sirve de interfaz entre el parque y la estación de Megabús. Estaba un tanto desprevenida hasta que vi una rata salir del drenaje que bordea la banca. 

En el punto donde el roedor asomó, había dos chicos conversando. Ellos vieron la rata y, aunque los sorprendió, se rieron y continuaron su conversación. Yo, por el contrario, sentí un sudor frío en el cuerpo y dejé de prestar atención a lo que decía mi compañero. Mi mente estaba fija en el movimiento del animal. En ese momento pensé: ¿cómo se atreve a salir a esta hora por ahí, tan oronda, tan osada, tan frentera? [al editar esta pregunta escuchaba Tarzan Boy de Baltimora que me hizo detenerme un rato para recordar ese momento de observación].

La frontera del subsuelo

El roedor caminó cerca de una de las columnas por un momento y luego entró de nuevo a la canal. Me impresionó tanto que me quedé paralizada y expectante a lo que sucedería; entonces, dos segundos después, la rata asomó su cabeza por la rejilla y ¡esta vez, más cerca de donde estábamos! Recuerdo que a nuestro lado había un señor con un carrito de dulces acompañado de su esposa e hija. Ellos al parecer no se habían percatado del animal que de repente salió de su escondite y se dirigió hacia el césped dando un salto por encima de la banca de concreto, en la parte que estaba libre de personas. 

[En este párrafo sintonizaba What's Up de 4 Non Blondes durante la escrituraNo recuerdo la reacción de quienes estaban ahí cuando la rata saltó hacia el césped y pasó cerca a la niña, porque yo estaba muy asustada y me puse de pie rápido pensando que el animal aparecería en cualquier momento por la retaguardia. «Me quiero ir —le dije a mi compañero—vi una rata y ya no puedo estar más tiempo acá... ¡qué tal que se nos acerque!». Él estuvo de acuerdo en que nos fuéramos, así que nos retiramos del parque. Desde esa noche, no he vuelto a frecuentar el parque a esa hora y por tanto, no he vuelto a sentarme donde tanto me gustaba, para hacer una pausa y tomar aromática de manzanilla. Espero superarlo pronto para seguir haciendo más pausas situadas con la frescura de la noche.

Camino a casa, me quedé pensando en cómo la ciudad ha sido históricamente concebida como una fortaleza; un espacio donde la civilización deja atrás lo salvaje para habitar un entorno seguro y protegido. Su proceso de transformación estuvo profundamente ligado a las dinámicas de higienización del siglo XIX, cuando las grandes urbes industriales sucumbían por epidemias como el cólera y la peste. Esto planteó la necesidad de que circulara el aire, el agua y las excretas bajo una lógica de ventilación y flujo constante. Fue así como se pavimentaron las calles -eliminando la tierra donde las ratas cavaban madrigueras visibles- y se crearon los sistemas modernos de alcantarillado cerrados. Sin embargo, el higienismo no eliminó a las ratas; las confinó a la invisibilidad. Las expulsó del espacio público visible y las obligó a perfeccionar su vida en el subsuelo. La higiene urbana no borró la fauna marginal, sino que estableció una frontera clara: arriba los humanos con su visión del orden; abajo los roedores con sus extensas madrigueras.

¿Zonificar lo indómito?

En la concepción misma del desarrollo urbano, se ha pretendido planificar y zonificar el territorio. Destinamos áreas específicas para "lo salvaje" o lo indómito —aquello difícil de domesticar pero que, al estar confinado, sentimos bajo control— mientras reservamos otras áreas limpias para el desenvolvimiento, el encuentro y la vida humana. El Estado ha ejercido control sobre espacios, personas, animales y cosas, desplegando mecanismos de control y vigilancia que inevitablemente evocan la figura del panóptico (Foucault, 1998); esa estructura donde asumimos que todo tiene un lugar asignado y permanece bajo constante observación. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja.

Desde que los humanos pasamos del nomadismo al sedentarismo y empezamos a dar forma a las ciudades, generamos dos condiciones indispensables para las ratas: refugio predecible y acumulación de alimentos. Al hablar de territorio se ponen de manifiesto las relaciones de poder y la ciudad es una unidad espacial que permite dar cuenta de dichas interacciones, no solo entre humanos sino con otros seres vivos. En este entramado, la superficie urbana se ha diseñado para el flujo limpio y estético de los humanos, pero el subsuelo e incluso algunas "zonas abandonadas" de la superficie, se han transformado en una red oscura, húmeda y laberíntica de alcantarillas, tuberías y desagües donde lo que tenemos es la ilusión de control.

El espejo de nuestros excesos

Al canalizar nuestros fluidos y desechos bajo tierra para mantener la superficie "higiénica", construimos una red subterránea paralela que le permitió a las ratas, encontrar un nicho ecológico ideal, libre de depredadores naturales (como aves rapaces o zorros) y con un control térmico ideal frente a las inclemencias del clima exterior. ¿Debería sorprenderme entonces que unas cuantas ratas aparezcan de vez en cuando en los parques por las noches? Al pensarlo con detenimiento, creo que ya no, pues son parte intrínseca de nuestras urbes.

[Esta sección estuvo impregnada bajo la atmósfera musical de Live is Life de Opus]  Mientras termino de escribir estas líneas, sé que ellas habitan justo debajo del edificio donde vivo, moviéndose en sus madrigueras; un espejo subterráneo que se replica en la gran mayoría de las ciudades del planeta -exceptuando casos como la provincia de Alberta en Canadá, donde según Rapp (2025) se argumenta que no existen-. 

Frente a esto, me surge una pregunta: ¿hasta qué punto la planificación y el ordenamiento territorial son desbordados por las dinámicas de lo salvaje? Es aquí donde resulta inevitable pensar en las nociones de espacio concebido y espacio vivido de Henri Lefebvre (2013). El primero es el espacio de los planificadores y el Estado: un orden abstracto, limpio y homogéneo plasmado en los mapas. El segundo es el espacio de la vida cotidiana, de lo espontáneo, de lo habitado; el rincón de la urbe donde ocurren las pausas y donde se abren las grietas por donde asoman los roedores.

¿Acaso lo salvaje se reduce a las ratas que salen en la noche a buscar residuos comestibles en el parque El Lago o en la plaza de Bolívar, donde también las he visto tarde de la noche? ¿Son ellas las únicas que deben esconderse de día y salir de noche? ¿Son las únicas presencias indeseables que causan incomodidad y que preferimos ignorar aunque sepamos que están ahí? Lo cierto es que las ciudades no solo son un refugio para los humanos; también lo son para ellas y para otras especies que han cargado con el peso de la estigmatización, como la zarigüeya. 

Las zarigüeyas no son ratas sino marsupiales; se les conoce popularmente como chuchas. Han sido rechazadas por su parecido con un roedor, sin embargo, sus naturalezas son distintas. Parte de lo que las diferencia de las ratas es que, al verse amenazadas, las zarigüeyas entran en un estado de parálisis temporal —haciéndose las muertas— como mecanismo de defensa; en cambio, las ratas huyen con una velocidad que les garantiza la supervivencia la mayoría de las veces. En esta oportunidad no me voy a detener en la zarigüeya porque quiero dedicarle un escrito entero, para resaltar su capacidad de resiliencia y otros aspectos que me resultan interesantes de su comportamiento en entornos urbanos. La menciono ahora con rapidez, para hacer alusión a cómo nuestras urbes son habitadas por otras especies que no están confinadas a los "corredores verdes" oficiales, sino que coexisten desde las sombras.

Mas allá de la imagen: entre el subsuelo y la superficie

Un reciente estudio liderado por Richardson (2025), el cual fue publicado en la revista Science Advances, demuestra formalmente cómo el incremento en el número de ratas en los entornos urbanos está directamente vinculado al calentamiento global, al crecimiento de la población humana y a los procesos acelerados de urbanización, concentrando principalmente su análisis en las grandes capitales y urbes densas de Europa y Estados Unidos. No obstante, nuestras ciudades no escapan a esta misma dinámica global, ya que como señala Sergi Alcalde (2025) casi todos los ejemplares de ratas silvestres son sinantrópicos. Esto significa que sostienen una relación estrecha y dependiente con los humanos: estar cerca de nosotros ha facilitado su proliferación. Les tememos y preferimos mirar hacia otro lado, ignorando su existencia hasta que nos topamos con una de ellas caminando por un parque en la penumbra. 

Las ratas son un espejo incómodo: se alimentan de nuestros desperdicios y son el indicador más preciso de cuánta basura producimos. Rompen la estética de la ciudad ordenada e higiénica que pretendemos vender. Afortunadamente para nuestro confort visual, suelen esconderse cuando lo requerimos, aunque de vez en cuando, una aparezca de forma inoportuna. En el fondo, ellas también, desde su naturaleza salvaje, han aprendido a adaptarse a un control urbano que las admite en las márgenes y las desprecia en el centro.

[Escribí estas líneas al ritmo de Stand by Me de Ben E. King] El espacio público urbano es, entonces, mucho más complejo de lo que asumimos en la superficie. Podríamos plantear una clasificación vertical donde en una capa superficial nos desenvolvemos los humanos con nuestras propias jerarquías y un subsuelo habitado por especies que se han adaptado simbióticamente a nuestros excesos. Nos cuesta aceptarlas como parte de nuestro paisaje, pero están ahí.

A partir de esta reflexión, me surge la pregunta ¿qué tan lejos estamos los humanos de empezar a habitar el subsuelo por el aumento acelerado de la temperatura en la superficie de nuestras ciudades? Si en la actualidad las ratas y algunos insectos habitan el subsuelo por el aumento del calor, en nuestro caso ¿Tendremos que buscar de manera generalizada refugios subterráneos en el futuro? ¿Hasta donde el ordenamiento territorial y la planeación de las ciudades están a la vanguardia del cambio climático? ¿Trasladaremos también las jerarquías actuales al subsuelo si el aumento en la temperatura global continúa? y en ese sentido ¿Aprenderemos a convivir con las ratas tal como lo hacen en la actualidad los indios en el templo de Karni Mata en Deshnoke, Rajastán? 

No solo las ratas y otras especies de animales habitan las sombras a pesar de que también aportan beneficios -airear el suelo y reciclar desechos orgánicos-, pero más allá de esto, dentro de las relaciones de poder hay grupos humanos que también se desenvuelven en los intersticios y es ahí donde las ratas son una realidad biológica que sirve como metáfora para aquello de gran magnitud que nos desborda pero no lo podemos ver ni identificar claramente porque se mueve tras la imagen de ciudad que se pretende configurar, a menos que rasguemos la imagen -esto me evoca a Raffestin (2013)- para adentrarnos en las profundidades del territorio.

¿Es el espacio público un lugar que debemos aprender a compartir con aquello que escapa a nuestro esquema de control? 

Por mi parte, espero volver pronto a mis pausas situadas en el parque El Lago en la noche y sentirme parte de este gran ecosistema, donde la ciudad es una construcción territorial sostenida desde las profundidades por algo más interesante y misterioso; un entramado donde se transgrede continuamente el modelo de orden y, donde aquello que sale a la superficie nos invita a observar, retándonos a decidir si preferimos ignorarlo o aceptarlo como parte de una realidad que desborda lo que creemos que existe.


Bibliografía

Alcalde, S. (2025). Las ratas se apoderan de las grandes ciudades, y ahora sabemos qué las atrae. En: https://www.nationalgeographic.com.es/mundo-animal/ratas-se-apoderan-grandes-ciudades-y-sabemos-que-atrae_24419

Foucault, M. (1998). Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión (A. Garzón del Camino, Trad.). Siglo Veintiuno Editores. (Obra original publicada en 1975)

Lefebvre, H. (2013). La producción del espacio (I. Martínez Lorea, Pról.; E. Martínez Gutiérrez, Trad.). Capitán Swing

Organización Mundial de Sanidad Animal. (2025). Repensar la vida urbana ante el auge de las poblaciones de ratas. En: https://www.woah.org/es/articulo/repensar-la-vida-urbana-ante-el-auge-de-las-poblaciones-de-ratas/

Raffestin, C. (2013). Por una geografía del poder. (Y. Villagómez Velázquez, Trad.). El Colegio de Michoacán. (Obra original publicada en 1980).

Rapp, J. (2025). ¿Por qué no hay ratas en Alberta? En: https://wildlife.org/why-are-there-no-rats-in-alberta/

Richardson, J. L., McCoy, E. P., Parlavecchio, N., Szykowny, R., Beech-Brown, E., Buijs, J. A., Buckley, J., Corrigan, R. M., Costa, F., DeLaney, R., Denny, R., Helms, L., Lee, W., Murray, M. H., Riegel, C., Souza, F. N., Ulrich, J., Why, A., & Kiyokawa, Y. (2025). Increasing rat numbers in cities are linked to climate warming, urbanization, and human population. Science Advances, 11(5), eads6782. https://doi.org/10.1126/sciadv.ads6782

Nota con cariño:

Gracias por leer este escrito. :) Si quieres dejar tus comentarios, me puedes escribir por este medio o al correo pausasituada@gmail.com. Me encantaría conocer tu opinión.


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